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Psicoterapia: Aspectos Metodológicos, Problemas Clínicos y Preguntas Abiertas

Vittorio F. Guidano

Editado por Alfredo Ruiz INTECO, Santiago de Chile 

Conferencia Principal VI CONGRESO INTERNACIONAL DE CONSTRUCTIVISMO EN PSICOTERAPIA 2-5 Septiembre 1998 – Siena, Italia.

El objetivo de esta conferencia es un poco enfrentar los problemas controversiales abiertos en el constructivismo actual, especialmente aquéllos referidos a las implicaciones psicoterapéuticas. El constructivismo actual es un área que se ha vuelto muy popular, como ya lo vimos en la primera intervención del día de Michael Mahoney. Sin embargo, en su interior no es demasiado homogéneo, ya que hay aspectos -digámoslo así- controversiales, sobre cuestiones de base, que influencian después largamente los diferentes métodos terapéuticos al interior del constructivismo mismo. Yo me referiré en esta conferencia a tres temas principales, con sus respectivas repercusiones en el campo terapéutico. El primer punto es el tema que atañe al si mismo, el segundo es el tema que atañe al significado, y el tercer tema a tratar es el modo de entender la narrativa., vistas la importancia y popularidad que la narrativa esta asumiendo en todos estos últimos años.

Comenzamos con el primer tema, el problema del si mismo. Este es un problema bastante evidente, como lo han destacado Bob Niemeyer y Mahoney [1], en el libro editado por ellos. Si uno da una mirada panorámica al mundo constructivista actual, se hará una idea de que hay dos polaridades, dos modalidades principales de concebir el si mismo. Una es verlo como un proceso unitario o centralizado, y la otra, como un proceso tal vez más fraccionado, esto es, como resultado de una red de conversaciones. Yo creo que, sobre este argumento hay aún un poco de confusión; sobre el modo de concebir el si mismo, si concebirlo como proceso o concebirlo como entidad. Por cierto, teniendo en cuenta que hoy ya casi nadie lo considera como entidad en el sentido tradicional racionalista cartesiano, del cogito ergo sum, como un si mismo sin contexto, un si mismo impersonal. Este ya no es el si mismo concebido tradicionalmente, como una especie de constructo, de entidad central. Es cierto, hoy esta visión ya no rige más. Me parece que todavía en muchos autores que postulan una visión del si mismo fraccionado, como una red de conversaciones, se ve a primera vista esta tendencia a descontextualizar el si mismo, a tomarlo por sobre el contexto personal. Por ejemplo, me refiero a un autor del mundo constructivista que es Mascolo [2], en un artículo en que dice textualmente «si bien el si mismo es inherentemente fraccionado, su desarrollo ocurre en la dirección de una integración progresivamente creciente». Vale decir que también en los autores que llevan adelante este tema del si mismo fraccionado, surge luego la exigencia de recurrir de alguna parte a una capacidad de integración que lo haga desarrollarse de manera unitaria, aún si después esta capacidad de integración a veces aparece nula, o experiencia imaginada Hay una tendencia en esta concepción a ver el si mismo como entidad, a ver el si mismo como si fuera correspondiente o equivalente a los ingredientes, ingredientes entre comillas, a la estructura de la mente, es decir al si mismo como memoria, como percepción, o como razonamiento. La estructura de la mente consta de subsistemas que tienen -como todo en los sistemas complejos- un control coalicional, son ampliamente autonómos, aunque se coordinan al interior de un proceso unitario. Yo diría que el si mismo, la procesalidad del si mismo, la tendencia a la unitariedad del si mismo, no se considera en el juego, en el nombre de sus ingredientes, si no en la procesalidad del si mismo. El si mismo es esencialmente un proceso, no es una entidad, no es una estructura, ni un conjunto de estructuras, si no que es el proceso que da a toda esta estructura una configuración de totalidad. Es un proceso cuyo desarrollo consiste en tenerlos siempre de alguna manera unidos. También me refiero a otro aspecto, en el cual de nuevo se concibe un si mismo de tipo acontextual, sin tomar en cuenta el contexto. Me refiero al concepto de si mismo vacío, «the empty self» de Gergen [3]. Gergen tiene un libro muy famoso «El Yo Saturado», que es prácticamente el si mismo actual y disuelto. Es una entidad ilusoria y emblemática de la situación post-moderna. Yo creo, que esto es un modo de acercarse al problema de la transformación de la conciencia contemporánea, sacándola del contexto evolutivo y de desarrollo. Sabemos, que el si mismo, la conciencia en sí misma, era distinta hace cincuenta años. Sabemos que era distinta el siglo pasado, sabemos que era diversa en el medioevo y en el renacimiento. Hoy tenemos una cantidad de datos históricos que nos permiten reconstruir también la historia de la identidad personal. Aquí hay un proceso evolutivo de larga data y ¿quién podría decir que el si mismo que hoy vivimos como si mismo vacío, no sea después el centro del si mismo?, que es lo que siempre ha sido, porque siempre ha sido una ilusión. No obstante, este si mismo vacío actual, no deja de todos modos de ser un si mismo agente, un agente personalizado que vive y que desarrolla su vacío, por lo tanto, que mantiene todas sus características de si mismo como proceso activo y unitario. Desde la óptica que yo intento promover con tantos colegas desde hace muchos años, prefiero ver el si mismo como un proceso evolutivo, que tiene una historia evolutiva, que tiene una historia ontológica. Digo esto solo para delinear algunos aspectos que son controversiales. Si lo vemos como un proceso evolutivo, ello significa una capacidad de referirse a sí mismo y a los otros, que emerge a partir de ciertos primates al interior de un mundo intersubjetivo, por la necesidad evolutiva que ese mundo requiere. En un mundo intersubjetivo en el cual es necesario estar siempre consensualmente coordinados, está claro, que la capacidad de individualizarse, -la capacidad de poder reconstruir intenciones de los otros, emociones de los otros y conocer las propias- requiere de esta coordinación consensual. Entonces, desde el punto de vista evolutivo, la emergencia del si mismo es simplemente la respuesta a las presiones selectivas, evolutivas que han planteado un ambiente intersubjetivo. Entonces por esto, el punto que cabe subrayar es que el si mismo y su estructura inherente -usando las palabras de Mascolo- es dialéctico, en el sentido de que el si mismo siempre incluye al otro. En los primates, los primeros surgimientos de la capacidad de individuación van siempre acompañados, son simultáneos a una percepción, a una apreciación de la capacidad del otro. No es sólo que el si mismo comprenda siempre un sentido del otro, comnprende en general un sentido no sólo de los otros, sino de aquéllo que no es uno del mundo. El mismo hecho de desarrollar un sentido de mí, también implica un sentido canónico, es decir normativo. El hecho de desarrollar un sentido de mí mismo implica también simultáneamente, que yo me siento de un cierto modo respecto al mundo al que pertenezco, y me siento de cierto modo respecto a la canonicidad de este mundo al que pertenezco, a la normatividad del mundo al que pertenezco. Aquí la categoría de alteridad en el sentido de otras vidas o de otras personas o de otros así como del mundo, es compleja. A veces no logro entender los modos de ver el problema que encontramos frecuentemete en la literatura como si cuando uno habla de si mismo excluyera a los otros; como si el hecho de considerar a los otros implicara necesariamente hablar de un si mismo fraccionado.

Otra cosa voy a decir, el si mismo no es sólo un proceso dialéctico, es un proceso multinivelar. Alcanza tantos niveles, precisamente llega a niveles más básicos, hasta llegar a desarrollar niveles físicos, niveles biológicos. A nivel biológico todos los animales poseen un si mismo unitario que permite distinguir un si mismo de un no si mismo, pero eso no nos importa. Vamos a los niveles que nos interesan. Al nivel que nos interesa, el si mismo es como mínimo no sólo bi-nivelar, sino multimodal. Si en cada momento hay un fluir continuo de aquéllo que podemos llamar una experiencia inmediata de sí mismo, es con la capacidad de lenguaje que tenemos que estos continuos hechos los debemos reordenar en secuencias, secuencializar la inmediatez de nuestro sentir, esta es una cosa que no podemos ignorar. Es la características más grande y exclusiva que tenemos como seres humanos. Decía Ortega y Gassett a principios de este siglo que los seres humanos son las únicas cosas vivientes que para vivir deben darse continuamente explicaciones de su existencia. Este es el origen del significado. En esta dialéctica están los dos niveles del si mismo, la experiencia inmediata que tengo de mí, y la imagen consciente de mí que la prepara, la organiza y la explica. He aquí un proceso dialéctico, multinivelar y multimodal. Aún más, es un proceso también que tiene una evolución, una procesualidad sin fin. Ocurre durante todo el proceso de integración, de articulación, nos da el sentido de nosotros. la imagen de nosotros. Es un proceso que no cesa, aunque viviéramos hasta los 125 años. Se lleva adelante desde que comenzamos a vivir hasta el fin de nuestra vida.

Ahora el problema de si el si mismo es fraccionado o no es fraccionado, implica -y aquí voy al segundo punto- un problema análogo e interesante, por cuanto se refiere al significado. Más bien se refiere a lo que técnicamente se llama el locus of meaning; ahí donde se actualiza, donde ocurre el significado. Si el si mismo es descentralizado, el significado ocurre fuera, el significado ocurre solamente en las interacciones conversacionales que un individuo ha creado, el significado ocurre en la red de conversaciones que el individuo ha acuñado. Por lo tanto, si nosotros lo vemos como centralizado podemos decir que el significado es el modo en el cual un si mismo organiza la experiencia y su modo de darse coherencia y consistencia en el contexto al cual pertenece. Este aspecto, sin embargo, de ver el significado centralizado o descentralizado tiene importantes consecuencias en la terapia. Si imaginamos el significado como descentralizado, hay un locus of meaning que es externo, lo que conduce a una red conversacional y lo que tenemos es siempre una externalización de los problemas. Es decir, todos los problemas son externalizados y son vistos como pertenecientes al sistema social y cultural antes que al individuo. Esta postura puede ser también peligrosa en términos terapéuticos y médicos pues significa incrementar la responsabilización, que ya de por sí es muy fuerte en el mundo contemporáneo. Puesto este significado en la red de conversaciones, el procedimiento para resolver un problema, -dado que éste se identifica con un discurso problemático- será simplemente llevar adelante la deconstrucción del problema, del discurso problemático en la sesión. Es decir, aquí me parece que hay un punto cardinal: hay una especie de identificación entre la deconstrucción de un discurso problemático con la resolución de una experiencia problemática. Me explico. Me parece que hubiera un isomorfismo entre las palabras y la experiencia. Si nosotros cambiamos el modo con el cual una persona se cuenta las cosas, cambia la experiencia que distingue esa persona. Me parece que es una nueva forma de reduccionismo como hemos visto muchas otras veces en Psicología, y también en el mundo cognitivo. Por lo demás, este enfoque involucra otros aspectos. Si todo se reduce a una red conversacional, una de las más grandes consecuencias que vemos es ésta del vínculo no patologizante de los terapeutas. Es aquéllo que hemos visto desde hace mucho tiempo. Ya no se trata de una categoría nosológica, no tiene una referencia psicopatológica, todo reducido a una red de conversaciones, todo reducido a una especie de negociaciones o de mejores convenciones o de mejor sintonización con las reglas sociales y culturales. Pero esto determina también una terapia bastante carente de sistematicidad y deja al terapeuta prácticamente carente de estrategia. La estrategia la pone constantemente el paciente. Cada vez que el paciente viene y expone un problema definido, se ocupará de aquel problema, y la estrategia terminará siendo aquélla que el paciente ponga momento a momento en base a aquellas cosas que caracterizan su vida cotidiana. El terapeuta será simplemente un acompañante. Yo creo que es un mundo distinto el que vemos en el locus of meaning centralizado. En cuanto al primer elemento, si éste es centralizado, tenemos un proceso opuesto. Todo el problema que el paciente trae es internalizado, es referido dentro, la atención del paciente es enfocada hacia el interior para visualizar sus modos de ordenar la experiencia. El problema de conducta es el modo de darse consistencia, de darse coherencia en su manera de ordenar la experiencia, que depende del tipo de desarrollo que ha tenido. Pero además, el tipo de procedimiento también es distinto, en el sentido de que cuando nos ocupamos en la visión digamos un poco así construccionista, esto del aspecto del si mismo fraccionado, o del si mismo como una red de conversaciones, del locus of meaning externo se vuelve luego aquello que se llama el enfoque construccionista en el mundo constructivista, el construccionismo social. Si en la óptica del constructo social el discurso se reduce esencialmente a cambiar la conversación, nosotros con el paciente hablaremos prevalentemente de sus opiniones, explicaciones, convicciones. Estaremos trabajando simplemente en un nivel, en uno de los niveles del si mismo, el nivel de la imagen consciente de sí mismo. Si él da una opinión, nosotros daremos otra opinión. Hasta aquí no es distinto de la conversación cotidiana, de la conversación que se hace habitualmente con mayor o menor profundidad. En la óptica centralizada, no sólo todo el discurso se internaliza con los problemas, va más referido a lo interno, sino que la conducción del diálogo terapéutico -siempre se habla de diálogo- es hecha de otro modo. Es hecha de modo que cada vez las explicaciones, los conceptos, las convicciones del paciente son referidas a la experiencia inmediata que ha suscitado aquellas explicaciones, a la cual las explicaciones se referían. Dicho en otras palabras, el modo de conducta, el modo de pensar y de verse del paciente siempre procede del modo de sentirse, y esto como lo han evidenciado, durante tantas horas y días de trabajo también Fabrizio Bercelli y Silvio Lenzi [4], es lo que se llama una conversación de segundo orden, distinta de una conversación ordinaria. No sólo el foco de este enfoque es centralizado, el foco en este trabajo de referir el nivel de la explicación al nivel de la experiencia inmediata, el foco es siempre sobre las emociones perturbadoras y sus episodios emotivos activantes, y esto tenemos también que validarlo en las experiencias que nos alivian. Por ejemplo, dos autores Phillippot y Rimé [5], que han desarrollado una investigación interesante, han visto que después de un evento emotivo activante, las personas tienen la tendencia a hablar continuamente con los amigos acerca de la experiencia que han tenido antes; un día han tenido un encuentro horrible con el jefe, o con la mujer, con un amigo, etc. Y este social sharing, es importante para recuperar o hacer disminuir el estrés de la activación perturbante. Estos dos autores, han visto que la entidad del recuperar emotivo depende de la cualidad del social sharing. Mientras más el social sharing sea hecho de manera tal que se ponga bajo el foco la activación emotiva, aquéllo que la produjo, el efecto que ha tenido en la persona, la permanencia de la perturbación interior, de la rumiación tenderá a ser más breve en el tiempo.

Estudios de Pennebaker [6] han revelado en dos o más oportunidades en personas que han sufrido un trauma y que han puesto el focus sobre la activación emotiva que ha desencadenado el trauma que ésta era la variable crucial en mediar la recuperabilidad del trauma. Mientras más se elabora la emoción perturbadora que surge, más se acorta el tiempo de recuperabilidad del trauma. Esto aquí lo digo para presentar que esto no es un discurso de conversar tanto por conversar, porque conversando en cierto modo las cosas cambian, los pacientes ven las cosas de manera distinta, pero el discurso que parece fundamental es aquél que hará articular a la persona la cualidad de los sentimientos perturbadores que se han activado. Esto es lo que llamamos conversaciones de segundo orden en nuestro modo de proceder.

El tercer argumento es el modo en el cual se entiende la narrativa. La narrativa es totalmente popular; hoy se han vuelto todos narrativos, como todos también se han vuelto constructivistas. También aquí sostengo que hay un tema, hay un aspecto que se ve en toda la historia de las ciencias. La narrativa la podemos ver de manera descriptiva o de manera explicativa. Si la vemos de manera descriptiva, terminaremos identificándola con los aspectos fenoménicos, es decir, identificando la narrativa con la conversación, o la manera de contárselo. Si reducimos la narrativa al conversar o al contarse, es como reducir el lenguaje a las palabras, como reducir el lenguaje a un discurso en sus aspectos semánticos. El aspecto conversacional es un punto de llegada. Quiere decir que nuestro modo de conversar no es el punto de partida donde todo comienza, es el punto de llegada. El modo de conversar de una persona depende del tipo de coherencia emotiva y de continuidad de vida que esta persona ha puesto en su contexto de pertenencia. Es el tipo de coherencia, de continuidad, el que especificará los argumentos, el modo con el cual la persona seguirá adelante con sus argumentos; es una especie de producto final. No solamente, no está suscitando algo importante, si aquí no estamos de acuerdo con esto de la narrativa, la identificación entre identidad e historia de vida. Esto siempre me ha parecido extremadamente reduccionista, exactamente como reducir el lenguaje a las palabras. La historia de vida es una historia narrada y aquí estamos siempre en un ámbito conversacional de contarse. La historia narrada es distinta a la historia vivida. Cada uno de nosotros tiene elementos de su historia vivida que nunca han sido incorporados a su relato, porque simplemente no los sabe, han ocurrido cuando era muy pequeño, o han ocurrido cuando estaban fuera de su atención selectiva. De todos modos han ocurrido. Han ocurrido en el sentido de que han impresionado sus órganos sensoriales, su memoria implícita, sus procesos emotivos. Hay una divergencia entre la historia vivida y la historia narrada. Si nosotros nos ocupamos solamente de la historia narrada, de nuevo continuamos solamente ocupándonos de la imagen consciente que cada uno tiene, sin tener presente que esta imagen consciente depende en gran medida de la experiencia inmediata de sí mismo. La imagen consciente debe dar consistencia y coherencia a aquella experiencia inmediata de sí mismo, y entonces por esto dependerá en gran medida de la calidad de la experiencia inmediata de sí mismo que uno ha tenido y que no aparece en la historia narrada. Pero hay también más, yo no acepto la identificación identidad-historia ni siquiera desde un punto de vista epistemológico. Desde un punto de vista epistemológico el ordenamiento de la experiencia es distinto del sujeto que la ordena, en términos evolutivos y de desarrollo. Quiero decir que el hecho de que puedan surgir recuerdos autobiográficos requiere el prerequisito de la existencia de un sentido del si mismo. Por ejemplo, los monos no tienen memoria episódica, para recordar un evento, un chimpancé debe estar capacitado para distinguir entre eventos del presente y eventos del pasado. Pero, para hacer esto debe tener una especie de acceso al contenido de su mente. Debe tener individualizado y tener, quiero decir, un acceso a una mínima autoreflexividad. Nosotros por otra parte vemos también esto en el desarrollo ontológico. El sentido básico de sí mismo en un niño será a los nueve meses de desarrollo, cuando comienza a desarrollar la atención de estar con los padres. Y recuerda más a los dos años y medio o tres años, por lo tanto, es decir con mucho antecede a la emergencia de un sentido del si mismo, y también a la memoria autobiográfica.

Otro punto que podemos destacar es el modo en que ha sido concebida la narrativa prevalentemente del construccionismo, yo diría, esto de ver prevalentemente el ordenamiento de la experiencia como narrándosela. Y todo es narrarse, y todos están de acuerdo con esto. Pero ahora, veamos que entendemos por narrarse. Narrarse es un proceso no solamente conversacional, narrarse es un proceso de muchos niveles y multimodal. Narrarse significa sobre todo: cada actividad de narrarse es una experiencia emotiva de larga duración, torno a estos autores Philippot e Rimé, han hecho un trabajo muy interesante. Compartimos la sensación o la idea de muchos psicólogos de que los estados emotivos son experiencias transitorias, son experiencias fugaces, rápidas, que duran poquísimo. En parte también es verdad, pero, si nosotros vemos las consecuencias de un episodio emotivo, una cosa muy interesante que hemos puesto bajo el foco -Philippot e Rimé- es que un evento cotidiano discrepante, puede ser simplemente un roce con el hombre del estacionamiento, en realidad permanece largo tiempo en el individuo en términos de rumiaciones mentales. El individuo sólo ve lo de social sharing, o narra lo sucedido; «lo maleducado del hombre del estacionamiento lo que me ha dicho». Esta no es una actividad pasiva, inercial o reverberante. Cada vez que una persona revive una escena produce una actividad emotiva actual, produce una nueva activación emotiva actual, que a su vez desencadena otros feedback, otras regulaciones de otros recuerdos, de otras escenas, de acciones correctivas que a su vez elicitan otras emociones. Entonces, un simple advenimiento emotivo de por sí puede transformarse en una experiencia emotiva que dura bastante en el tiempo. Imagínense ustedes lo que sucede en la experiencia de narrarse, donde no es que me ocupo de un evento banal como el haber quedado mal a partir de cómo me ha tratado el estacionador de autos. Aquí hablamos de eventos de vida que asumen ante mis ojos un aspecto con un significado distinto; éste me produjo una situación emotiva actual que me da un sentido de mi mismo distinto ahora, que a su vez va a reclutar, a seleccionar otras memorias pasadas que han transcurrido hasta hoy y que siempre me han recordado otras situaciones emotivas, otros sentido de mi. Es un proceso complejo, multimodal y de muchos niveles. Entonces, el narrarse, en el sentido de un discurso o speech es sólo una de las modalidades de autoreferimiento.

Pero hay aún más, porque todo este estudio, toda esta popularidad de la narrativa con énfasis en los aspectos conversacionales y de diálogo ha traído a primer plano el tema de la memoria , tanto que han florecido los estudios acerca de la memoria, que hay una tendencia de equiparar el si mismo a la memoria. Hay un libro escrito recientemente, con este hecho de narrarse como elemento básico de la vida titulado «The remembering self». Ahora , yo creo que incluso en el narrarse, más que un «remembering self» sea la cuestión como dice Bruner [7], un thinking self, un self – reflexive self. ¿En qué sentido? He aquí que hago un pequeño alcance a nuestro enfoque post-racionalista, no es que se intente negar la existencia del razonamiento, ya que es de máxima importancia, si no que es un punto de llegada. Esto es, cuando yo hago un balance de mi vida, y me conmuevo y recuerdo que ha pasado todo esto, todos estos procesos que mencionábamos previamente. En definitiva, quien cierra el discurso es el self – reflexive self, es aquél que es invariable, aquél que encuentra muchas explicaciones, es aquél que encuentra cambios en la historia, no es la simple actividad reverberante imaginativa. Por lo tanto, también el hecho de narrarse es un proceso que en el momento en que ocurre es un proceso multi modal, en el cual los resultados finales los cierra la actividad autoreflexiva en sentido verdadero más que la simple actividad reverberante mnémica.

Otra cosa que quisiera traer a colación es la distinción entre la coherencia que hay en una historia de vida y la coherencia de una historia literaria. Demasiado lejos ha ido esta analogía de que la historia de vida es como la historia de una novela, de que la historia de vida es análoga al plot, a la trama de una novela. No es verdad, según yo, no es verdad desde ningún punto de vista. Por decir lo menos, como primera cosa, la coherencia. En una historia literaria, la coherencia está determinada por el plot, por la trama. El autor debe salvaguardar la potencialidad de su plot, de su trama. Al final la historia se desarrolla para mantener el plot. La historia de vida no tiene nada que ver el plot. En la historia de vida uno quiere mantener su continuidad y unicidad con el personaje y a costa de mantener ésta, puede alterar el plot, puede alterar la trama -como lo hemos visto esta mañana- hasta disolverla completamente, hasta hacerla una narración, no solo también indivisible de los otros, del contexto al que pertenece. Quiero decir que el focus de un autor es el mantenimiento de la coherencia del plot, y el de un individuo es el mantenimiento de la coherencia de sí mismo, como dos objetivos muy distintos. Para mantener la coherencia de sí mismo, un individuo puede destruir completamente la historia de vida que se ha narrado hasta hoy; poco le importe si de este modo ha destruido la potencialidad de la trama que podría desarrollarse.

Yo creo -y un poco a modo de conclusión- que el reordenamiento, prefiero este término al término narración, de la propia experiencia de vida y uso ahora experiencia para subrayar esta multimodalidad es primero un proceso abierto que va adelante por toda la vida, y es un proceso que consiste de parte del sujeto, constantemente, no tanto en la búsqueda de una verdad histórica. Cuando nosotros vemos nuestra historia de vida y nos la narramos, no tenemos el ánimo de decidir si es una verdad histórica, de saber la verdad de lo que ha sucedido; nosotros tenemos únicamente la intención de una búsqueda de una verdad narrativa. Una verdad que se concentra en recompactar la historia y darle un sentido de continuidad y de coherencia de la cual depende el desarrollo de nuestra historia. No importa que esta verdad narrativa sea, entre comillas, aquéllo que realmente ha sucedido. Y como señalaba también ayer, hay esta dialéctica entre experiencia inmediata de mí e imagen consciente de mí; esta dialéctica entre si mismo protagonista y si mismo narrador. El si mismo que logra que el protagonista pueda narrarse para encontrarse en su continuidad. En esta búsqueda de coherencia entre el si mismo protagonista y el si mismo narrador se actúa a través de la búsqueda de una verdad narrativa, es decir, de una posibilidad de desarrollo de nuestro ir prescindiendo de cómo nuestro ir sea realmente llevado.

Ahora, la modalidad de llevar adelante una búsqueda de la verdad narrativa depende, como lo señalábamos esta mañana, de dos importantes variables que están en relación a la capacidad de secuencializar la experiencia, típica de los seres humanos. A saber, la capacidad de integración, como lo dijimos esta mañana, de cambiar una configuración de eventos en una sucesión cronológica, causal y temática, y la capacidad de concretez y abstracción que esta trama cronológica, causal y temática pueda adquirir, la capacidad de articulación abstracta. Son estas dos variables las que determinarán no sólo el modo con el cual la persona buscará una verdad narrativa, sino también la cualidad, la estructura y la eficacia en términos de coherencia de que esta verdad narrativa así encontrada pueda ver el mantenimiento de su sentido de si mismo y de su continuidad. Y les repito, retomando un momento lo que dijera esta mañana también Alfredo Ruiz en su artículo, las categorías de normalidad, de neurosis y psicosis en este sentido, las visualizaremos como distintas modalidades de coherencia en la búsqueda de una verdad narrativa, determinada desde el punto del tipo de integración, del tipo de abstracción y concretez. En otros términos, para resumir estos últimos aspectos sobre la narrativa: yo no estoy muy atento ni muy de acuerdo con los aspectos así largamente enfatizados, conversacionales, de diálogos, de narraciones, de recuerdos. Yo todo lo que yo veo como fundamental en la narrativa es el discurso que hemos visto esta mañana con el tema del lenguaje, el tema oralidad y escrituralidad. La narrativa puede explicar como surgen estos aspectos básicos de la experiencia humana, como surge el hecho de que nuestro modo de ordenar la experiencia sea siempre secuencializada en una modalidad compleja, no sólo en el sentido cronológico causal, sino que también con distinciones internas y externas. Yo creo que si profundizamos los estudios sobre la modalidad con la cual secuencializamos la experiencia, podemos encontrar tal vez otras posibilidades en los tratamientos, ya sean de trastornos neuróticos, o psicóticos, o ya sea de problemas existenciales, donde hay una trama narrativa bien articulada, sin problemas de integración y en que la persona necesita ser ayudada para producir más recombinaciones al interior de su trama, que puedan generar nuevas soluciones, nuevos aspectos productivos para su historia de vida.

Nota Editorial: Traducida del italiano por Susana Aronsohn y Carla Krumpoeck
Citas Bibliográficas

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