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El Amor como el Dominio Emocional Humano. La Visión Post-Racionalista de Vittorio Guidano

Alfredo Ruiz

Alfredo Ruiz
Instituto de Terapia Cognitiva. Santiago de Chile
Conferencia con motivo de la inauguración del año académico del Instituto de Terapia Cognitiva.
Santiago de Chile 02 de Mayo del 2002

 

¿POR QUE ESTA CONFERENCIA?

Quisiera aprovechar esta exposición para hacerles una breve reseña histórica acerca del modo como esta conferencia se gestó. Comenzaré diciéndoles que la prematura e imprevista muerte de Vittorio Guidano significó para mi no sólo la pérdida irreparable de un amigo extraordinario, sino también la paralización de una serie de proyectos que habíamos elaborado en conjunto. Uno de los proyectos que me propuso fue el que le editara un ensayo sobre el amor en la revista de publicaciones ocasionales de Inteco. La ocasión se presentó en una noche de diciembre de 1997, en que salimos a cenar juntos a un restaurante de Santiago. En esa oportunidad platicamos sobre el tema del amor: Vittorio me propone entonces que le publique algunas ideas acerca del amor en que había estado reflexionando; ideas que había comunicado ya en determinadas instancias: especialmente en el seminario que realizó ese año (1997) en Buenos Aires y en Santiago; también en algunas conversaciones y comunicaciones personales; y posteriormente en el curso que él ofreció en Inteco -que yo también integro en este estudio- una semana antes de fallecer.

Mirando hacia atrás veo claramente que su proposición fue una oportunidad histórica que tuvimos para que V. Guidano hubiese enunciado y formalizado en una publicación su teoría del amor. Pero ello no fue posible; la formalización de su teoría con la impronta de su personal estilo, quedó por siempre truncada. En esta conferencia, por tanto, el título elegido hace referencia a la visión del amor enVittorio Guidano y no a su teoría articulada sobre el amor.

Otra razón importante que me lleva a retomar el proyecto se da en un marco de articulación del enfoque cognitivo post-racionalista; la publicación de este artículo será, pues, un buen inicio para recomenzar un desarrollo sistemático del modelo, naturalmente desde la cima en que lo dejó V. Guidano. Por lo demás, fue el mismo autor quien me abrió un espacio de participación en este desarrollo (aprovecho de testimoniar aquí la generosidad y calidez humana de Vittorio), pues siempre me sentí estimulado y respaldado por él en cada uno de mis trabajos sobre el post-racionalismo; el trabajar en la continuación de su modelo es lo que de mi -según creo- hubiese esperado Vittorio. He asumido, en consecuencia, que el desarrollo del post-racionalismo será mi proyecto de investigación científica futura.

OBJETIVOS GENERALES.

Sin duda, hay autores que se han ocupado del tema del amor desde un punto de vista científico, incluso algunos de ellos han comunicado formalmente sus teorías sobre el amor; sin embargo esos planteamientos siempre me han parecido limitados por dos razones fundamentales, la primera es que no son explicativas y la otra es que como teoría científica del amor no son falsable. A mi parecer, en cambio, la visión teórica del amor en Guidano es la más explicativa y exhustiva de que disponemos en este momento. Ahora, si consideramos que todos los trastornos psicopatológicos son del dominio afectivo (como enfatiza Vittorio), se comprenderá por qué el tema del amor es fundamental en la comprensión de la experiencia humana y, por ende, en la psicoterapia.

El objetivo de esta exposición y artículo será, en suma, el dar a conocer a la comunidad científica la visión del amor desde el enfoque post-racionalista de V. Guidano. Y no obstante de que se pueda leer como un esbozo de teoría, ello no obsta para que en algún momento nosotros, sus seguidores, podamos formalizarla como una teoría científica.

NOTAS INTRODUCTORIAS.

A la luz de la evidencia que nos entregan tanto la práctica de la psicoterapia como las investigaciones en psicopatología, podemos decir -como ha sostenido Guidano- que todos los trastornos psicopatológicos de que nos ocupamos los psicoterapeutas son sólo de orden afectivo, y que se pueden presentar (y de hecho se presentan) cuando el significado personal de un individuo humano puede desbalancearse en su ciclo de vida temporal, en el evento de que algo en su coherencia interna llegue de algún modo a fallar en el proceso de formar, mantener o romper las relaciones afectivas significativas. Pero también podemos agregar, en términos generales, que no hay perturbaciones emocionales más intensas en la historia personal de un individuo humano como las que se activan y se producen en el curso de la formación, mantención y ruptura de las relaciones afectivas significativas (por ello el duelo es el maximum de emoción perturbadora).

PREMISAS DE EPISTEMOLOGIA EVOLUTIVA.
Desde una perspectiva de epistemología evolutiva, disciplina que se «define como el estudio de los procesos que hacen posible el conocimiento y el estudio de los procesos que definen que tipo de relación existe entre el conocimiento y el medio externo en el cual el organismo vive», el hombre es considerado un primate, y que, como tal, habita en una realidad intersubjetiva; esto significa que su conocimiento es siempre interactivo; así, el conocimiento que el individuo tiene de sí se da en relación al conocimiento que tiene de los otros, y el conocimiento que tiene de los otros, a su vez, es siempre un conocimiento de sí mismo. La intersubjetividad permitió que surgiera el mentalismo, del que se derivan dos capacidades emergentes en los primates humanos: por un lado el atribuir intenciones, emociones y estados internos a los otros; y por otro, la capacidad de fingir. Esto lo constituyó, según Humphrey, más que en un «homo sapiens», en un «homo psicologicus», en un animal psicológico que vive sintonizado con los otros, que busca entender al otro a fin de manipularlo y así aumentar más la consensualidad. El fijar entonces nuestras premisas de epistemología evolutiva en términos de la intersubjetividad, no sólo nos permitirá focalizar con precisión la afectividad en la vida de los seres humanos (junto a la importancia que esto lleva consigo), sino también nos será útil para enfocar la afectividad o emocionalidad que va junto a la conducta de apego, o vínculo afectivo, o el amor, en definitiva.

EL AMOR COMO EL ESPACIO EMOCIONAL HUMANO
Guidano nos advierte que en la literatura internacional hay teorías que identifican el amor con una particular calidad emocional o con un particular sentimiento. En su concepción, empero, el amor no es una tonalidad emocional específica, no es un sentimiento o un estado de ánimo específico; el amor -dice- hay que entenderlo más bien como el espacio emocional donde viven los animales intersubjetivos como el hombre, y en un espacio intersubjetivo lo que cuenta siempre es el moverse de los individuos en coordinaciones consensuales; en este espacio la dimensión emocionalidad es una dimensión que ocurre en un continum, en un continum acercamiento-alejamiento, o bien, en un continum apego-separación de la figura significativa. En este sentido el continuo apego-separación o el continuo attachment and separation coincide con el espacio emocional humano. Esta es la propuesta de Guidano que vamos a desarrollar.

Ahora, en esta visión de Guidano, el amor no es diferente del conocimiento. El conocimiento -según él- define el espacio humano donde la realidad equivale a la experiencia que es ordenable; y el espacio intersubjetivo attachment-separation define el espacio donde la realidad es vivida, define la vivencia; pero los dos aspectos en este enfoque son como las dos caras de una misma moneda.

Para una mayor comprensión de esto Guidano nos propone la siguiente imagen: visualicemos -dice-, por una parte, el organismo que es autoorganizante y, por la otra, este mismo organismo que interactúa con el medio; hay entonces un organismo que es autoorganizante, y hay, por otro lado, un orden organizado. Pues bien, el organismo que es autoorganizante presenta dos niveles. Un nivel que en inglés se denomina cognizing (acción de conocer), y el orden estructurado por cognizing es lo que en un sentido amplio podemos llamar realidad. La realidad es entendida aquí entonces como nuestra manera de percibir, de concebir el mundo; es el conocimiento en general. El otro nivel es el emocionar. El orden que se produce con el emocionar, que es paralelo al orden del conocimiento, viene a ser el amor. Así, en esta concepción, el amor es el orden organizado por el dominio emocional humano; del mismo modo como la realidad, el conocimiento, es el orden organizado por el conocer humano, por el cognizing. Ahora se nos aclara por qué Guidano nos dice que el amor y el conocimiento son como las dos caras de una misma moneda; así, el amor es como el conocimiento, ya que es el orden producido por el dominio emocional humano, que hubiese sido diferente al dominio emocional de otras especies – como los dinosaurios, si hubiesen seguido evolucionando-.

LA EVOLUCION DE LA AFECTIVIDAD: SURGIMIENTO DE LA CONCIENCIA.
El mentalismo -se dijo- dio comienzo al «homo psicologicus» u «hombre psicológico», del que hicimos breve mención. Ahora Guidano nos invita al desarrollo de un tema central aquí, con base en la epistemología evolutiva, que es la evolución de la afectividad en el «hombre psicológico». Veremos con Guidano las repercusiones afectivas, el modo en que se ha ido desenvolviendo la afectividad con la emergencia del mentalismo.

Como una primera repercusión -nos dice el autor- tenemos la formación de la conciencia. En sus palabras: «cuando pensamos sólo en términos racionalistas con respecto al origen de la conciencia, ésta aparece como un regalo de los dioses, como una especie de instrumento divino que todo lo ilumina. Sin embargo, la conciencia surge como la capacidad de reaccionar ante la realidad a otro nivel, pues si la vemos desde el punto de vista de cómo la han experienciado los animales que comienzan a vivir en esta coordinación consensual recíproca en cada momento de sus vidas, la conciencia en este sentido surge, históricamente, como una conciencia de separación». Ahora bien, Guidano nos dice que el inicio de la conciencia moderna, la conciencia humana -como se ha llamado- data alrededor de la invención de la agricultura, cuando se dan en este período cambios muy grandes en la comunidad humana. Antes de esa época, de la agricultura, los hombres vivían como todos los demás animales, y como tales, se movían continuamente sobre la faz de la tierra en busca de alimentos; no eran, por tanto, diferentes de otros mamíferos.

Con la agricultura comienza otra percepción de la realidad: el agricultor se estabiliza, pues tiene que establecerse en un lugar determinado y, sobre todo, tiene una relación con la realidad mucho más separada, él deja de ser «parte de» la naturaleza y pasa a ser espectador de ella, ahora tiene que anticiparse a la naturaleza. Mientras los hombres fueron cazadores y recolectores, la realidad se vivía prevalentemente en la inmediatez, como cualquier otro animal, prácticamente no había posibilidades de vivir en otro sentido. El agricultor, en cambio, vive con la conciencia de que la inmediatez es sólo un aspecto de la realidad, su trabajo está orientado hacia un resultado que él verá después de seis, siete u ocho meses, y eso le da una actitud hacia la realidad completamente distinta a la del resto de los animales.

Para Guidano, esta capacidad de actuar así eficazmente sobre esta realidad tiene en lo afectivo, en la vivencia, una conciencia de separación, de ser diferente de esa realidad, de «lo otro». Esta conciencia de separación, de que se es distinto de lo otro, seguramente incrementó la necesidad de una mayor coordinación intersubjetiva. Incrementó, en otras palabras, la necesidad de un mayor soporte emocional, de una mayor consistencia afectiva -por decirlo así-, con el fin de hacer tolerable esta conciencia de separatidad. A esta conciencia de separación, por tanto, no le era ajena una forma protectora, pues uno podía estar separado y sentirse distinto al resto de la naturaleza, pero al menos el individuo podía seguir vinculado a su grupo, y en su grupo los vínculos tuvieron que ser aún más fuertes. Este sería, según Guidano, un aspecto crucial de la conciencia, en cuanto conciencia de separación.

LA CONCIENCIA COMO CONCIENCIA DE SI MISMO.
Para Guidano hay también otro aspecto importante, y que viene a ser el momento en el cual se estabiliza aún más el sentido de uno mismo. Probablemente -señala- eso también ocurrió con el surgir de la agricultura, en el que se incrementó el pensamiento autorreflexivo, autorreferencial; así emergió entonces esta calidad de la conciencia como conciencia de uno mismo, de sí mismo; y al mismo tiempo esta calidad de conciencia es también capacidad de actuar eficientemente sobre uno mismo. Pero en la medida en que se tiene conciencia de ser consciente eso conlleva también una experiencia de separación, de división. Porque al hacer eso en cada momento soy un espectador de mi experiencia ( pues tengo que situarme como un individuo observable), y no sólo soy un espectador de la naturaleza; aún más, ser un espectador de mi propia vivencia provoca en mi un sentido de división, de soledad existencial.

REVOLUCION SEXUAL.
Hasta aquí hemos presentado, siguiendo a Guidano, las condiciones que en términos evolutivos han empujado en esta dirección a la afectividad. Pero la afectividad, que es sensorial a su vez, se ha ido haciendo cada vez más compleja para responder a esta necesidad que el surgir de esta nueva forma de conocer, esto es, la conciencia de uno mismo, lleva consigo.

En este punto Guidano nos invita a prestar atención a otro fenómeno evolutivo y su efecto en la afectividad humana. La especie humana -nos dice- es la única especie que hasta ahora ha llevado a las hembras a pasar desde una situación de estro, compartida por todos los animales incluyendo los primates, a la situación de menstruación. En todo el mundo animal, incluyendo a los primates, las hembras tienen estro, lo que ocurre generalmente dos veces al año, quince a veinte días cada vez, la hembra chimpancé también es receptiva sexualmente en ciertos períodos, entre sesenta y setenta días del año, después no hay ningún contacto sexual. La hembra humana, en cambio, con la menstruación llega a ser receptiva los trescientos sesenta y cinco días del año; por consiguiente, el hecho de que sea receptiva sexualmente todos los días del año nada tiene que ver con la reproducción. Este hecho nos indica que, por primera vez en los humanos, aparece una separación entre actividad sexual y actividad reproductiva.

Desde el inicio en el mundo animal la identidad entre sexualidad y reproducción es muy fuerte, y en un alto porcentaje la identidad es total, no cabe distinción entre sexualidad y reproducción. En animales más evolucionados como el chimpancé vemos que la sexualidad también está fuertemente ligada a la reproducción, y si hay alguna distinción ésta es muy leve. Guidano reformula este fenómeno de que en los humanos la sexualidad se haya separado de la actividad reproductiva señalando que la función de la sexualidad es siempre la de mantener las relaciones afectivas, que la función es siempre la de conservar los vínculos afectivos; y agrega que ésta probablemente es la gran revolución humana, junto a la revolución cognitiva. Lo significativo para Guidano, en este contexto, es que todo el mentalismo y todo el hombre -en cuanto hombre psicológico que surgió con el mentalismo- fue posible en base a dos revoluciones: una revolución cognitiva y una revolución afectiva , que marcha a la par.

Esta evolución de la sexualidad, señala también el autor, comienza a ser interesante desde el punto de vista evolutivo. Por ejemplo el chimpancé, por características de mentalismo, es más cercano a nosotros; si bien este primate aún tiene la sexualidad muy ligada a la reproducción, no obstante presenta algunos márgenes de mayor distinción, ya que puede tener conductas de cortejamiento casi sin sensaciones pre-sexuales aún cuando la hembra no esté en estro, pero nunca va más allá de eso. Existe, sin embargo, una categoría de chimpancé particular (más pequeño) llamado «bonobo», que se sitúa en una escala evolutiva superior al chimpancé común e inferior al humano; pues bien, el bonobo también pueden tener relaciones sexuales aún cuando la hembra no esté en estro, y se entiende que de algún modo sabe que la actividad no es reproductiva. Ahora, en este proceso aparece un aspecto importante que es típicamente humano: las relaciones sexuales cara a cara; en los humanos se dio por primera vez esta modalidad (aunque el bonobo frecuentemente oscilan entre la típica posición animal y la actividad sexual cara a cara). Es decir, según Guidano también podemos tomar signos de esta evolución que tuvo la afectividad en los humanos haciendo referencia a nuestros parientes los chimpancés, y con signos de esta complejidad emergente que se manifiesta en el proceso evolutivo. Este es entonces el contexto evolutivo en el que surge la afectividad humana, y la transformación que tuvo la sexualidad hasta volverse propiamente humana.

AMOR Y CONOCIMIENTO.
Corroborando lo que ha dicho, Guidano nos hace algunas connotaciones relevantes para este estudio del amor. En sus términos: «Si la afectividad surgió por el empuje, por una necesidad de la evolución cognitiva, de la autoconciencia, se nos manifiesta siempre lo que ya he dicho antes: en la medida en que se amplía la dimensión del conocimiento se amplía, paralelamente, la dimensión afectiva; y en este sentido el amor no es nada más que la otra cara del espacio humano, su dimensión emocional. Podemos percibir así que es claramente un continuo, un continuo entre attachment and separation, entre apego y separación, que son los límites que definen nuestro espacio emocional. Les invito, pues, a avanzar en esta comparación que Guidano hace entre el amor y el conocimiento, como dos caras de una misma moneda; porque si bien son consideraciones fuertemente teóricas, ello también nos puede ayudar en el trabajo psicoterapéutico que hacemos con nuestros pacientes.

Amor y Conocimiento: Similitudes (I)

Para Guidano, una primera semejanza básica en el que amor y conocimiento revelan importantes similitudes se da en una dimensión negativa. Así, el conocimiento nunca se

puede alcanzar de un modo absoluto; lo mismo en el amor, nunca se puede llegar a una correspondencia absoluta con el otro. «Porque -cito sus palabras- la dinámica del amor es otra, como otra es la dinámica del conocimiento. Si cada uno se involucra en un proyecto cognitivo específico tiene por lo menos la motivación, el intento de alcanzar un conocimiento completo, estable y definitivo; y frente a esta expectativa la frustración se hará sentir porque el resultado cognitivo es siempre un conocimiento parcial, relativo, aproximado, sujeto a una confirmación constante. En lo que se refiere a la dinámica del amor humano siempre se busca, se espera que la expectativa coincida con una correspondencia desde el otro que sea última, definitiva, verdadera, no más cuestionada, y no obstante las confirmaciones siempre son parciales, limitadas, contingentes; rara vez, por tanto, tienen ese carácter de absolutez que el individuo esperaría».

Por cierto, no es un problema tan simple para acotarlo en breves palabras. En este contraste de una búsqueda de absoluto, de ultimidades, pero con resultados siempre precarios, contingentes y parciales, se vuelve difícil, ya sea para el amor o para el conocimiento, establecer o elegir una dirección que nos pueda parecer viable, por cuanto este continuo contraste entre «absoluto» y «parcial» nos lleva a una confusión constante. En la vida afectiva se puede ver -dice Guidano- que uno de los problemas principales en los pacientes o en cualquier persona que consulta -por lo menos en algún momento de su vida- es intentar comprender si están o no en una relación significativa. Porque como al paciente le ocurre este contraste a cada momento, en cada día de su vida, le parece a él que en un momento la relación es significativa y luego le parece que no, luego que es y después que no es, y así sucesivamente. Este constituye -piensa el autor- el problema más grande que después produce muchas patologías, muchos cuadros clínicos.

Amor y Conocimiento: Similitudes (II)

«El amor y el conocimiento pueden asumir todas las formas posibles»: otra semejanza muy relevante, por cierto, que nos refiere Guidano. «El conocimiento -expresa el autor- puede tomar o concordar con todas las formas posibles, desde la obra artística más genial y más original a la obra más banal e insignificante; todas configuran diferentes matices del conocimiento, desde un continuo a otro. La misma dinámica ocurre en el amor: también puede asumir todas las formas posibles en su espacio emocional. Y, sobretodo, les digo enseguida lo que es una variación principal, en mi opinión la mayor de todas las que puede asumir el amor y el conocimiento; una de las variables que hace la distinción fundamental es la percepción, la concepción de alteridad, la imagen que tenemos del otro. Porque «el otro» puede variar en un continuo, así podemos ver al otro como objeto o como persona, lo cual cambia radicalmente la cuestión. Esto nos va a ayudar también a explicarnos las variaciones en el sentido del amor como generador de trastornos psicopatológicos».

Guidano nos invita a focalizarnos en esto último, pues le parece importante como principio general. En la literatura científica -afirma- existen teorías que intentan identificar psicopatología con falta de amor, como si la única interferencia negativa en un sistema humano fuera la falta de amor. No niega, sin embargo, que eso es evidente en las organizaciones de significado personal depresivas, pero no es la única fuente de psicopatología. La fuente más importante, según Guidano, es la calidad del amor; por ejemplo, el padre que está totalmente involucrado en la vida de su hijo, como el amor preponderante en su vida; pero si lo ama como se ama un objeto, es un amor que tiene características de aplastador. O la famosa mamá esquizofrenogénica, que siempre le está poniendo en duda el vínculo al hijo, y lo hace no porque no lo quiera, pues lo puede querer con la misma absolutez de cualquier amor; mas para ella el hijo sigue siendo un objeto, como algo que se puede controlar a voluntad: cuanto más lo tenga bajo su control, tanto más segura estará de que no lo va a perder, de que él nunca la va a abandonar, y así ella sacrificaría su vida también por él, etc.

Es decir, el asunto es mucho más complejo. Guidano insiste sobre esto para decir que el amor en este sentido puede tomar todos los aspectos, todas las variaciones posibles; una de las variaciones más importantes puede ser la consideración que se tiene del «otro». Porque el mismo gran amor, si es referido al otro como persona, lo activa y le permite desarrollarse; y si se refiere al otro como objeto, lo aplasta y le impide cualquier tipo de desarrollo, sea en la etapa del crecimiento o en la vida afectiva adulta.

Amor y Conocimiento: Similitudes (III).

La tercera semejanza que Guidano nos propone entre amor y conocimiento está referida a una relación de cierta opacidad o intransparencia que se vive en ambos dominios. Vale decir, así como en el conocimiento nunca sabemos claramente lo que estamos entendiendo; así también en el amor, nunca sabemos con claridad lo que estamos sintiendo o lo que buscamos sentir. Esto es patente en el conocimiento, en que la manera que tenemos de ordenar el mundo lo vemos como algo que no es propiamente «nuestro» ordenamiento, sino como algo que está fuera y con existencia independiente de nosotros. En el amor ocurre algo similar, porque generalmente lo buscamos fuera de nosotros, en tanto que sólo podemos sentirlo o vivirlo en nosotros mismos.

Hay aquí también una especie de juego a esconderse que nunca tiene salida; esto le parece a Guidano como algo que pertenece a la primera reconversión que tuvo la humanidad sobre sí misma. Para ilustrar esto, el autor nos relata un mito griego muy interesante, y es el mito prometeico previo a la creación. Así -dice-, un día en el cual los dioses se encontraban enojados con los hombres, acuerdan reunirse para buscar una manera apropiada de castigarlos; para este fin tendrán que descubrir qué es aquello en lo cual los hombres concentran su mayor interés; y luego, concedérselo. En el primer punto hay unanimidad entre los dioses: aquello en lo cual los hombres están más interesados es, sin duda, en el amor. «Como ya sabemos -dicen- qué es lo que tenemos que otorgarles, al mismo tiempo se lo ocultaremos, de manera tal que nunca lo puedan hallar». Uno de los dioses propone esconderlo en la cumbre de la montaña más alta; pero otro está en desacuerdo, «porque ellos tarde o temprano llegarán allá». Entonces Neptuno, dios del mar, cree que es mejor situarlo en el fondo del mar, pues es muy difícil acceder allí. «Quién sabe -replicó el otro-, no hay certeza de que el día de mañana no puedan encontrarlo en ese lugar». ¡Señores, qué hacemos (exclaman al unísono)! Al final, el dios más astuto propone algo que aceptan todos de inmediato: «Lo esconderemos -dice- dentro de ellos mismos, porque ahí jamás lo van a buscar».

Amor y Conocimiento: Similitudes (IV).

Como último punto en esta semejanza entre amor y conocimiento diremos -con Guidano-que el conocimiento es un proceso que no tiene fin, que en sí mismo tiene una tensión esencial, que es una actividad constante que se retroalimenta a sí misma Lo único que se puede hacer con él es continuar articulándolo por toda la vida. Es decir, el mismo sentido del conocer está en la metáfora del viajar, es el viaje por el viaje, sin necesidad de tener que llegar nunca a la meta; pues cuando uno llega a la meta ahí se acaba el conocer (y la meta es el morir), La misma metáfora se puede aplicar al amor; es un proceso (open endless) abierto y sin fin, no tiene un objetivo o fin que se pueda alcanzar en un momento determinado, ya que el amor se basta o tiene una consistencia en si mismo.

En estos cuatro puntos, entonces, se puede ver con claridad las semejanzas básicas existentes entre el conocimiento y el amor.

LA AUTOESTIMA DESDE EL POST-RACIONALISMO.
Haremos una última acotación sobre la importancia de la afectividad en el ciclo temporal de una vida individual. Subrayemos una vez más que somos primates, y que, como tales, vivimos en un mundo intersubjetivo. Es muy importante, para cada primate que vive en un mundo intersubjetivo, conservar un rango social; esto ya se ve en los primates previo al lenguaje temático y previo a la conciencia humana. El tema del rango social en los humanos se internaliza con la capacidad de secuencialización, y el tener una «autoestima aceptable» se vuelve fundamental para la sobrevivencia. La autoestima tenemos que verla como un juicio, una autoevaluación que nos hacemos para verificar en qué medida nos sentimos idóneos de ser reconocidos y legitimados por los otros; es decir, en qué medida yo soy idóneo para que el otro me reconozca y me legitime como persona llegando hasta quererme, y no sólo legitimarme. Por ello, cada vez que yo construyo una imagen de mi mismo tengo que hacerlo (siempre) de una manera que me garantice un nivel de aceptabilidad de mi mismo, que sea al menos viable; donde el sentirme aceptable significa sentirme idóneo, o sea que los otros me reconozcan y me quieran porque soy una persona.

Por consiguiente, toda amenaza a la coherencia interna de un individuo humano ocurre cuando este siente que desciende su nivel de autoestima a un nivel en el que ya no se puede sentir con la capacidad de ser reconocido y legitimado por los otros. Ahora, esto puede ocurrir directamente por razones afectivas -separaciones, divorcios, muertes, duelos-; pero puede suceder también por situaciones que se ven menos graves como un fracaso laboral, y que sin embargo también puede impactar seriamente a una persona. En un fracaso laboral muchas personas pueden cambiar la imagen que tienen de sí de una manera tal, que llegan a verse como una persona que nunca más será querida por nadie. No se trata simplemente de una pérdida de ganancia: es una pérdida de la posibilidad, de la capacidad de sentirse reconocido y legitimado por los otros, cuya presencia es muy significativa en nuestra estructura vital. Por ello, en todos los desbalances clínicos -sostiene Guidano- siempre se puede reconstruir una perturbación afectiva, no importando si ha ocurrido por vía directa o indirecta. Pero al final lo que más desestabiliza a un sistema humano es la perturbación que experimenta en este sentido, cuando se refiere a la experiencia que tienen de él y el modo como siente que es legitimado y reconocido como persona.

LAS AMBIGUEDADES EN EL CONOCIMIENTO Y EN EL AMOR.
Así como es frecuente que se reconozcan las ambigüedades en la dimensión cognitiva: falsas creencias, falsas pruebas, falso razonamiento etc; hay otro punto que también Guidano intenta aclarar: el de las ambigüedades que pertenecen a la zona de la afectividad. Y una vez aclaradas estas ambigüedades básicas -nos dice- se entenderá con más facilidad que, tanto en la afectividad como en el conocimiento la tarea es difícil, aunque cada uno con su significado intenta hacer lo que puede.

Un aspecto -señala Guidano- que se refiere a esta opacidad y que la mitología griega lo atribuye a que los dioses lo han ocultado «adentro», es el siguiente; en palabras del autor: «uno siempre siente más de lo que refiere o de lo que puede referir (algo que en nosotros siempre es difícil reconocer; aquí hay también una discrepancia muy fuerte). Esta es también una actitud que pertenece a la afectividad como tal, que encontramos de diferentes maneras en diferentes significados, y en sí misma esta discrepancia parece ser parte integrante de la afectividad. Sin embargo nosotros intentamos siempre limitar lo que sentimos, intentamos darnos cuenta lo menos posible de lo que sentimos; y veremos que cada persona tiene su propia modalidad para no darse cuenta de cuando está involucrada en una relación significativa». Para Guidano la razón de esta actitud se justifica por la misma experiencia humana, porque la vivencia de intimidad es entendida como la experiencia de correspondencia máxima y absoluta con la otra persona, y que es seguramente la experiencia que otorga mayor plenitud. Pero una experiencia que también puede destruir, por cuanto es el momento en el que se está más vulnerable; así, cuando se está en esta total correspondencia, en esta intensa experiencia de plenitud, al mismo tiempo esta experiencia se corresponde con el máximo de vulnerabilidad, pues cualquier disminución de la reciprocidad puede ser percibida, en ese momento, como un duelo, como una pérdida máxima. Por ello -nos dice finalmente Guidano-, cuando uno se acerca a esto, nunca se tiene la suficiente claridad si la intención es buscarlo o evitarlo. Lo mismo ocurre en el ámbito del conocimiento: todo el que está orientado al conocimiento, deseando naturalmente establecer una verdad «última y definitiva», en la medida en que se acerca a esta quimera no sabe si la va a querer o no; no tiene claro si verdaderamente desea o no huir definitivamente de la ignorancia y acceder a un «maximum cognitivo».

Por último y para finalizar esta conferencia, quisiera simplemente señalar la respuesta que él dio a mi pregunta:

Vittorio, desde un punto de vista post-racionalista, ¿cómo defines el amor?

El amor (me respondió ) es el dominio emocional humano, así como el conocimiento es el dominio cognitivo humano.

 

No quisiera terminar sin dejar de ofrecerles mis disculpa por el carácter de esta presentación, todavía en proyecto de formalización. Muchas gracias por su atención.

El autor agradece la colaboración prestada por A. Patricio Córdova.

Nota del editor: La Conferencia original fue modificada a fin de facilitar la lectura del texto y la comprensión de sus conceptos, no obstante se han conservado los contenidos originales. Ahora, por tratarse de una transcripción textual y simultánea de la conferencia, en esta oportunidad no llevará notas ni referencias bibliográficas, las que se reservarán para su edición definitiva también en la web de Inteco, en una fecha próxima.